Tezcatlipoca y los bebedores de mezcal

Tezcatlipoca y los bebedores de mezcal

Tezcatlipoca Y Los Bebedores De Mezcal
Esta obra reinterpreta «El triunfo de Baco» de Diego Velázquez (1629, Museo del Prado) proponiendo un diálogo transcultural: fusionar al dios romano del vino con Tezcatlipoca, deidad suprema azteca, revelando que bajo nombres y geografías distintas, ambas culturas compartieron una misma comprensión de lo divino.
 
Baco encarna la alegría y el éxtasis, pero también la locura y la degradación del vino. Paralelamente, Tezcatlipoca —como Omácatl— era patrón de las fiestas y el pulque; pero en otras manifestaciones, como Itztlacoliuhqui, representaba el pecado y la miseria. Ambos dioses encarnan la misma dualidad: lo celestial y lo destructivo conviven en el mismo acto de beber.
 
El mezcal, bebida de más de 50 grados con efectos semi-alucinógenos y raíces que se remontan al 400 a.C., sustituye al vino barroco. No es un simple cambio, sino una declaración sobre la permanencia de los rituales: la embriaguez como puerta a lo sagrado y, al mismo tiempo, como abismo.
 
La obra ejemplifica la Mirada Creadora: desmontar una imagen clásica para revelar conexiones invisibles entre culturas y tiempos. Lo que parece distante —Roma y Tenochtitlán, Baco y Tezcatlipoca— se muestra, bajo una nueva mirada, como expresiones de una misma condición humana.

Tamaño:

154 x 112 cm


Técnica:

Óleo sobre lienzo.


Esta obra forma parte de una colección privada en Alberta, Canadá.


Tezcatlipoca y los bebedores de mezcal

Tezcatlipoca Y Los Bebedores De Mezcal

Esta obra reinterpreta "El triunfo de Baco" de Diego Velázquez (1629, Museo del Prado) proponiendo un diálogo transcultural: fusionar al dios romano del vino con Tezcatlipoca, deidad suprema azteca, revelando que bajo nombres y geografías distintas, ambas culturas compartieron una misma comprensión de lo divino.

Baco encarna la alegría y el éxtasis, pero también la locura y la degradación del vino. Paralelamente, Tezcatlipoca —como Omácatl— era patrón de las fiestas y el pulque; pero en otras manifestaciones, como Itztlacoliuhqui, representaba el pecado y la miseria. Ambos dioses encarnan la misma dualidad: lo celestial y lo destructivo conviven en el mismo acto de beber.

El mezcal, bebida de más de 50 grados con efectos semi-alucinógenos y raíces que se remontan al 400 a.C., sustituye al vino barroco. No es un simple cambio, sino una declaración sobre la permanencia de los rituales: la embriaguez como puerta a lo sagrado y, al mismo tiempo, como abismo.

La obra ejemplifica la Mirada Creadora: desmontar una imagen clásica para revelar conexiones invisibles entre culturas y tiempos. Lo que parece distante —Roma y Tenochtitlán, Baco y Tezcatlipoca— se muestra, bajo una nueva mirada, como expresiones de una misma condición humana.


Tamaño:

154 x 112 cm


Técnica:

Óleo sobre lienzo.


Esta obra forma parte de una colección privada en Alberta, Canadá.